“Gracias a Cobijo podemos empezar de nuevo”

Mi nombre es Enmanuel Suárez Torres y tengo 26 años.   Vine a España principalmente porque en Cuba no existen muchas libertades, y al graduarme de la carrera de Licenciatura en Optometría y Óptica, ya tenía claro que mi futuro allí no era prometedor, ni para mí ni para mi familia.    

  Por eso tomé la decisión de emigrar a España, impulsado más por los sueños que por las cuestiones materiales.

 Al venir a España dejé atrás a mis padres, a todo lo que conocí y construí. Ha sido un paso difícil, un cambio de vida que implica adaptarse a una nueva realidad. Solo llevamos tres días aquí, pero el primer día fue muy duro. La despedida en el aeropuerto fue una de las cosas más difíciles que he vivido. En Cuba solo me quedan mis padres. Mis abuelos han fallecido, y también mi suegro. La incertidumbre de no saber cuándo volveremos a ver a nuestros seres queridos es un dolor que compartimos muchos cubanos emigrantes.   

 Me enteré del Proyecto Cobijo gracias a un primo mío, que es sacerdote en la Iglesia de San Agustín, en Playa. Fue él quien nos habló del proyecto y nos puso en contacto con el Padre Bladimir.

 A partir de ahí comenzó el proceso, largo y difícil, de poder salir de Cuba.

 A pesar de todo, al llegar aquí nos encontramos con una realidad muy distinta y muy alentadora. El Padre Bladimir nos ofreció su apoyo desde el primer momento. Él, junto a Ignacio, fue quien nos recogió en el aeropuerto. Luego nos trajeron a la casa de Algete, donde incluso Enrique nos recibió con un almuerzo muy cálido y acogedor. Desde ese primer instante sentimos la humanidad y el espíritu solidario del proyecto.        

El proyecto Cobijo ha sido una bendición para nosotros. Nos sentimos parte de algo importante, de un proceso que ha ayudado a tantas familias cubanas obligadas a emigrar.

Los primeros días han sido duros por la nostalgia, por extrañar a la familia. Pero el ambiente en la casa, la convivencia con las demás personas acogidas ha sido excelente.

Todos compartimos tareas, nos apoyamos y poco a poco vamos encontrando un nuevo ritmo de vida.  

Cobijo no sólo nos dio un techo, nos dio algo aún más valioso: una bienvenida humana, un lugar seguro para comenzar de nuevo, rodeados de personas solidarias que creen en la empatía y la esperanza.      

Por eso me siento muy agradecido, más fuerte, y con fe en Dios de que todo este esfuerzo valdrá la pena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio