“Cobijo,una familia”

Testimonio de Alejandro Martín Rojas Medina

Mi nombre es Alejandro Martín Rojas Medina. Nací en Cuba,
un 15 de mayo de 1984 y tengo la nacionalidad española
gracias a mi abuelo proveniente de Islas Canarias.


Antes que todo quisiera aclarar que escribo estas líneas desde
una sala de traumatología desde el Hospital Universitario
Ramón y Cajal en España. Y a pesar de que llevo más de tres
meses postrado en una cama, con una herida grande y
complicada después de que me removieran por completo la
cadera izquierda con la mitad de la pelvis debido a un tumor de
25 libras, y, a pesar del implante con mis 40 años me enfrento
al desafió de aprender de nuevo a caminar, no dejo de
sentirme afortunado. No dejo de pensar en que tanto, si me
hubiera hecho este complejo procedimiento quirúrgico en Cuba
como si no, que de por sí me lo negaron allá por falta de
recursos, dentro de un año, quizás menos, mi esposa seria
viuda.


En noviembre de 2023, junto a mi esposa, nos vimos obligados
a viajar hacia España, por motivos graves asociados a mi salud
y por la dura crisis económica que se desencadenó en la Isla
en esos momentos.
Mi país se hundía (aún lo hace) en una debacle debido a las
desastrosas medidas económicas que devastaron el sistema
de salud, lo que conllevó al desabastecimiento brutal de
medicamentos y a la insalubridad en lo que hasta hace unos
veinte años autodenominaban eufemísticamente “la gran
potencia médica”.


Fue entonces cuando mi esposa y yo decidimos viajar a
España y buscar una segunda opinión, pues mi salud comenzó
a empeorar, sobre todo después de la pandemia.

Vendimos todo lo que pudimos para pagar los sobornos
ascendentes y necesarios para adelantar un poco trámites y
legalizaciones de documentos pertinentes en unos
sobresaturados y corruptos MINREX y embajada de España en
Cuba, debido a la fuga masiva de cubanos que utilizamos a
nuestros muertos españoles como pasaportes.
Para no alejarme mucho más del tema, tuvimos la alegría de
que al menos los sobornos ayudaran mucho para que los
trámites en el ministerio y la embajada fluyeran bien. Por lo que
fuimos contactando para tener rentada con antelación una
habitación en Madrid para vivir en cuanto llegáramos.


Escogimos Madrid porque en nuestras investigaciones siempre
nos dijeron que para mi padecimiento los mejores médicos de
la península ibérica se congregaban allí. Por lo que el día en
que decidimos sacar el pasaje, solo de ida, fue como dar un
gran salto de fe hacia lo desconocido.
Luego del agotador viaje, al llegar a Madrid llenos de nervios,
comenzaron los problemas. La renta que teníamos reservada
nos la cancelaron justo al bajarnos del avión. En ese momento,
descubrimos que necesitamos a alguien que nos ofreciera una
dirección, un empadronamiento.
Pudimos quedarnos una noche en casa de unas amistades
pero ya eran cinco personas en ese pequeño apartamento,
donde una de ellas acaba de sobrevivir a un cáncer de útero,
por lo que tenernos allí implicaría otro problema para esa
familia.
Madrid resultó ser una ciudad muy cara y la renta junto a la
burocracia algunos de sus principales problemas. Luego de ver
esto comenzamos a llamar a todas nuestras amistadas que
vivían allí. Muchos nos ignoraron o nos explicaron su negativa
a acogernos.

Pero lo más doloroso fue que en varios lugares de renta de
habitaciones nos rechazaron por el mero hecho de yo estar
apoyándome en un bastón; como si tuviera la lepra encima.
Al parecer rentarle a un discapacitado es un problema que es
mejor evitarse. Por suerte, logramos pasar algunas noches en
un caro y chapucero hostal. Mi problema de salud se agravaba,
cada vez me estaba sintiendo peor, mi pierna izquierda y
cuerpo se me llenaban de líquido. Gastaba tres pañales
diarios, a veces más y tenía que orinar cada dos horas.
También conseguir cualquier tipo de trabajo resultaba
imposible sin la documentación adecuada.

El dinero se
acababa y ya teníamos encima el peligro de dormir en la calle
o peor de regresar a Cuba con el rabo entre las piernas y en mi
caso, dirigirme a una muerte segura.
Entonces un amigo escritor me aconsejó que nos dirigiéramos
a la Parroquia Santa María de la Esperanza y solicitar una cita
con el padre Bladimir. Él de seguro encontraría una solución.
Dado que no teníamos nada que perder y con mucho
desconcierto, fuimos una tarde de lluvia hasta la parroquia y el
padre nos recibió en su oficina.
Lo que ocurrió luego, nosotros no lo podíamos creer. El padre
Bladimir nos contó cómo construyó, con la ayuda de Dios y de
muchas personas gratas, la organización “Cobijo”. La misión
de esta sería, ayudar a inmigrantes cubanos a encaminarlos en
su llegada a Madrid.
Y para sorpresa y alegría nuestra, el padre Bladimir nos explicó
que casualmente tenía un espacio para nosotros dos, en una
habitación en una hermosa casa junto a cuatro familias en el
pueblo de Algete.
No solo eso, incluso en ese lugar me facilitaría el atesorado
empadronamiento necesario para iniciar los trámites para que
me atendiera un médico. Iris y yo no nos podíamos creer queocurrieran tantas cosas buenas juntas. Aquello era irreal, un
milagro.


Desde esa tarde “Cobijo”, no solo nos ofreció un techo, sino
también una familia, para apoyarnos en nuestras dificultades y
momentos duros. ¿Y por qué no?, también para compartir los
logros y alegrías de todos, como lo hace una familia.
El hogar no lo hace un lugar sino quien te hace sentir en casa,
por eso “Cobijo” es un tesoro de Dios con una comunidad de
gente buena que va creciendo cada día más; a la que
debemos mucho.


Iris mi esposa ha conseguido su residencia y encontrado su
primer trabajo. Y yo me encuentro escribiendo este testimonio
muy agradecido desde una sala del Hospital Universitario
Ramón y Cajal. Allí me lograron extraer un tumor de 25 libras
de hueso, que mencioné y recibí un doble implante de cadera.
Aunque me espera mucha y dura fisioterapia, pudieron salvar
mi vida y mi pierna. Todo esto unido nos ha devuelto la
oportunidad de esforzarnos y soñar por un futuro mejor.
Gracias al Padre Bladimir y quienes lo ayudan de manera
desinteresada. No existe forma en la tierra de pagar tanto
amor. En “Cobijo” han creado uno de los tantos milagros que
necesita este mundo.

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