Ricardo Lucas Becerra Franco
Mi nombre es Ricardo Lucas Becerra Franco y soy camagüeyano.
He venido a España con ciudadanía española y quiero contar cómo fue todo el proceso hasta llegar aquí y encontrar la Asociación COBIJO.
Llegamos a Madrid el 27 de julio de 2025.
Yo le había tramitado a mi esposa, Mabel, una visa familiar mediante el libro de familia, ya que tanto nuestros hijos como yo somos ciudadanos españoles. Aunque ellos no residen en España, ella sí estaba en el libro de familia y por eso fue muy fácil que le otorgaran el visado.
Realmente no teníamos a nadie aquí en España y estábamos llenos de incertidumbre. Pero también teníamos la certeza de que debíamos salir de Cuba, porque la situación empeoraba un poco cada día más.
Soy licenciado en Lengua Inglesa y trabajé durante más de 40 años en la Universidad de Camagüey, impartiendo clases de inglés a estudiantes de la carrera de Filología Inglesa, así como a futuros traductores e intérpretes. Aun así, decidimos venir a España sin saber con exactitud adónde llegaríamos.
Al llegar nos encontramos una amistad nuestra en Madrid que nos pasó el contacto del padre Bladimir. El primer mensaje que le envié tuvo, gracias a Dios, una respuesta positiva. Me dijo: “Sí, Ricardo, los vamos a acoger aquí en COBIJO”.
Entonces me respondió que estaría en Roma y que muchos voluntarios estaban de vacaciones, pero que no importaba. Nos indicó que debíamos dirigirnos a Alcobendas.
Y así vinimos para acá como un milagro propio de Dios. Realmente, desde el primer día que llegamos a esta vivienda, nos sentimos en familia, porque es algo muy grande llegar a un lugar tan distante de tu casa y encontrar acogida, amparo y cobijo.
A los pocos días, cuando ya él regresó , pudimos empadronarnos y empezar nuestra nueva vida cotidiana aquí en Madrid.
La permanencia en COBIJO ha sido, diría yo, una experiencia que cualquier ser humano se sentiría muy feliz y agradecido de haber vivido. Me pongo en la piel de otros inmigrantes que conozco, incluso de Venezuela, de Colombia y de otros países, y veo que no han tenido la misma suerte que hemos tenido nosotros, los que hemos sido acogidos en este proyecto.
Nosotros salimos de Cuba con Dios delante y la Virgen detrás. Llegó el momento en que teníamos que partir, y partimos dejándolo todo atrás, con la esperanza de que una vida nueva siempre sería para bien.
Aquí estamos viviendo, y por la edad que tenemos, pienso también en muchos que se quedaron allá en Cuba y que, desgraciadamente, no tienen las posibilidades que nosotros sí hemos encontrado en este país. Y eso hay que agradecérselo siempre a Dios.
Agradezco muchísimo a COBIJO, porque realmente todos se han comportado con nosotros muy bien en todo momento. Cualquier problema que hemos tenido, siempre hemos recibido una mano solidaria.
Doy gracias nuevamente por estar aquí y por haber salido de Cuba, porque aquí se vive con una dignidad que allá se nos hacía cada vez más difícil alcanzar.
Ese es, en resumen, mi testimonio.
A continuación, Mabel comparte el suyo.
Estoy siempre agradecido: agradecido a Dios, agradecido al padre Bladimir, agradecido a Pilar y agradecido a todo COBIJO.
Mabel Aladro
Soy Mabel Aladro, esposa de Ricardo, y el testimonio que comparto es, en gran medida, el mismo, porque llegamos juntos y hemos construido una vida en común durante 48 años.
Por eso, mucho de lo que él ha dicho también me representa.
Nosotros vinimos de la mano de Dios, y sigo tomada de esa mano, segura de que no me va a soltar. Esa es la única manera en que pudo darse nuestra salida de Cuba, después de haberlo dejado todo atrás: toda una vida, tanto en lo personal como en lo profesional.
Ambos trabajábamos en la universidad dando clases a muchos estudiantes. En mi caso, además, escribía y grababa para un programa de radio. Tenía una vida profesional e intelectual muy activa. Verme ahora aquí sin poder ejercer aún mi profesión no ha sido fácil. Pero también estoy convencida de que cuando una puerta se cierra, otra se abre, y justamente eso ha sido COBIJO para nosotros.
COBIJO nos abrió una puerta. Nuevamente doy gracias a Dios, a la Virgen y al padre Bladimir, de quien, desde que llegamos a Madrid, nos hablaron; desde la primera vez que hablamos, me dejó una impresión muy profunda con lo poco que descansa.
También agradezco al equipo de COBIJO, formado por personas extremadamente altruistas, hermosas personas que lo dan todo a cambio solamente de que nosotros, los cubanos que vinimos de allá para mejorar nuestra vida, podamos sentirnos como personas. Y eso es justamente lo que hemos sentido aquí: que somos personas.
Allá la vida se nos hacía muy difícil. También fue muy duro dejar todo lo nuestro y venir, como solemos decir mi esposo y yo, con cinco maletas llenas de vida, recuerdos y tantas cosas importantes para nosotros. Pero había que salir, y sencillamente aquí estamos.
Nos han tratado como personas y nos han acogido con una gran solidaridad. Así lo hemos sentido, y por eso estamos profundamente agradecidos.
A veces nos preguntan cuáles son nuestras aspiraciones o cómo imaginamos el futuro. Y yo respondo, sencillamente, que sea Dios quien me guíe, porque solamente de su mano hemos llegado hasta aquí.
La nostalgia a veces nos juega malas pasadas; no puedo decir otra cosa. Con frecuencia me invade la nostalgia, pero respiro y me digo que hay que seguir viviendo, porque eso es precisamente lo que nos ha proporcionado este proyecto, algo que tantas personas anhelarían poder encontrar.
Clave para la acogida, la colaboración institucional
La acogida de Ricardo y Mabel en Alcobendas forma parte de la labor de acompañamiento que hace posible Cobijo Cubano gracias a la colaboración y el compromiso de distintas entidades. En este marco, destaca el apoyo del Ayuntamiento de Alcobendas, cuya colaboración contribuye a sostener la red de solidaridad y a ofrecer nuevas oportunidades a las personas y familias que llegan a España buscando un futuro mejor.


